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Manel Seral Coca
Barcelona, Spain
Este site rinde homenaje al ocultista Manel Seral Coca, profesor de Kabbalah Alquimia y Ocultismo. Escritor e investigador, que trascendió este plano el 14 diciembre de 2005. Como tantos dijeron de él: !no supo "venderse"¡.Era un investigador nato. Su obra, oculta, valga la redundancia, merece ser divulgada. El no tenía tiempo para ello. Quizá, desde la luz, si lo tenga... Porque el saber no tiene precio. Siempre estará en nosotros.
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17 mar. 2010

El 8

El Ocho contiene un simbolismo misterioso dentro de lo oculto.
Podemos comenzar con la forma del cero, la No-Cosa, lo desconocido de lo que todo brotaría. En el  momento en que el Cero decide manifestarse, se produce la primera acción. El Cero establece un punto en su centro, o, mejor aún, se constriñe por su parte central, dejando a ambos lados de esa constricción lo mismo que había sido hasta ahora, es decir, Ceros. Si miramos el símbolo del Infinito, que no es sino un Ocho horizontal, veremos precisamente esto:
Aunque pueda parecer complicado, esto es matemáticamente correcto porque el Cero, o Todo, no ha sufrido realmente variación alguna 0+0=0.


Pero ese punto en medio del Cero, ese punto separador entre 0 y 0, siendo que no es más que un concepto es, sin embargo, el Uno, la clave de la Creación, un centro en torno al cual puede pivotar toda cuanta está destinado a existir. Y no contento con esto, el Todo dará un paso más dando lugar al primer movimiento. Y el primer movimiento debería ser, lógicamente, el movimiento principal que podemos encontrar en nuestro Universo: el giro. El giro, la espiral y la onda son las claves de nuestra percepción y de lo manifestado, y variantes de un mismo movimiento.

Pero ese movimiento hace girar a cada una de las partes del símbolo en direcciones opuestas, expresando así la absoluta diferenciación, la absoluta dolarización, manteniendo, no obstante, la igualdad. Uno de los lados tiende hacia lo Positivo infinito, mientras que el otro tiende al Negativo Infinito. Esta separación permite la acción, pero mantiene la igualdad porque:
-Infinito+Infinito = 0
Aunque algunos preferirán decir que:
-Infnito+lnfinito = lnfinito
En ambos casos estamos hablando de la mismo. Pero esos dos valores absolutos que separan el punto “0”, que se diferencian y se complementan, no deberían entenderse en términos morales (positivo = bueno, negativo = malo), sino en términos de polaridad. Una lectura sobre la filosofía oriental en torno al Yin y al Yang podría ser aquí ilustradora ya que precisamente de eso es de lo que estamos hablando.

El Yin es vacío, concentración, contracción, absorción, femineidad, oscuridad, carencia... mientras el Yang es plenitud, dispersión, expansión, proyección, masculinidad, luz, entrega... El Yin crea un vacío que atrae irremisiblemente al Yang, y el Yang busca constantemente un espacio donde expandirse, que le proporciona el Yin. Se necesitan, se buscan, se complementan... y al mismo tiempo se repelen y rechazan porque algo (el Uno) mantiene una barrera entre ellos hasta que la Obra concluya. Este simbolismo aparece claramente en el símbolo taoísta del Yin y el Yang, el cual, por cierto, presenta nuevamente dos mitades buscándose una a otra componiendo, no obstante, una totalidad entre las dos que no es más que un número Cero.

Leemos en “Yin y Yang”, de J.C. Cooper:
“Estas fuerzas se expresan a través de los dos grandes poderes, el Yin y el Yang, las formas alternativas de la fuerza creativa tal como se manifiesta en el mundo: ellas son la substancia primordial de la diferenciación, el yin es lo físico, lo emocional, cerebral, la inercia, lo cuadrado; el yang es la inteligencia, la energía, Io espiritual, el circulo. Son Io pasivo y lo activo, la resistencia y la generación, mantenidas en proporción por la energía gastada. Todo Io que está implicado en el concepto del Yin y el Yang viene a decir que es inseparable, incapaz de mantenerse salvo en la relación entre ellos. Son dos aspectos del mismo poder; pero en una polaridad distinta de la dualidad absoluta”.

La actividad de esta triada (la dualidad más el Uno) produce la Manifestación, resultante de las infinitas combinaciones de esas dos fuerzas y representada por los ocho (ocho!) trigramas del I Ching y por sus 64 (8x8) hexagramas. El Cuatro (viéndolo como totalidad) o el Siete (viéndolo como porciones expresadas) nacen de este acto.

El tablero de ajedrez, un cuadrado compuesto a su vez de 64 casillas cuadradas, 32 blancas y 32 negras, ilustra esta relación del Cuatro con el Ocho.

Podríamos ver, después de lo expuesto, que si el símbolo del Infinito muestra esta idea de separación en un sentido horizontal (Yin-Yang), el Ocho ilustra la misma idea en un sentido vertical: Los Tres Superiores correspondiendo al círculo superior y el Cuatro o los Siete inferiores (según la versión que elijamos) en el inferior.

En la Kabbalah, el Árbol de la Vida colocaría el “punto de torsión” en la enigmática esfera llamada Daath (el sephirah invisible), separando la Divinidad de la Individualidad:
Pero como “al igual que es arriba es abajo, la Individualidad misma expresa, a su vez, un Ocho menor a semejanza del Ocho mayor. Aquí, el “punto de torsión” recaería en Tiphereth, la “esfera Crística”, separando por su lado superior a la triada compuesta por Geburah (el Deseo Superior), Gedulah (la Ley Superior) y el propio Daath (representación de y conexión con los Tres Supernos), y por su lado inferior otra vez al cuatro, compuesto por Hod, Netzach, Yesod y Malkuth. Este cuaternario recoge la personalidad y las características humanas.


Y volvemos a verlo, una vez más, si tomamos Yesod (lo psíquico, lo astral) como punto de torsión que enlaza una triada (otra vez!) evolutiva compuesta por Tiphereth ( (el misticismo, la fe, la espiritualidad, la Vía del Amor), Hod (el intelecto, la razón, el análisis, el descubrimiento de las leyes la Vía del Conocimiento o Luz), y Netzach (la Naturaleza, la pasión, el deseo humane: la Vía del Poder) con la intima esfera, Malkuth, la esfera de los Cuatro elementos (otra vez el Cuatro).


Y aun podríamos verlo una última vez en el mismo Malkuth cuando los kabalístas dicen que el elemento Tierra (segmento negro) no existe en si mismo sino como una combinación de los otros tres. ¿Cuál sería aquí el “punto de torsión? No está claro, pero posiblemente podríamos llamarlo, simplemente, vida.

Veríamos entonces al Árbol como un juego de cajas dentro de cajas o, aun mejor, de Ochos dentro de Ochos. Probablemente de esta figura surja la forma del Caduceo de Hermes, o la de las dos serpientes entrelazadas (nadis), que describen los hindús al hablar de los chakras y de Kundalini.


Un punto de “reflexión” (perdónesenos el juego de palabras que aparece aquí, como veremos), podría ser el recordar aquella frase de la Biblia que nos dice: “Dios creó al hombre a su imagen y semejanza”, y que Yesod, la esfera de la Luna, es considerada como un espejo reflectante, y nos daremos cuenta de que el Árbol es un juego de reflejos e inversiones. Los espejos nos devuelven una imagen invertida y los Ochos invierten las polaridades a cada giro, de modo que lo que estaba a la derecha pasa a la izquierda y viceversa. Esta es una característica del Ocho que este imprime sobre la Totalidad: “lo masculino y lo femenino invierten sus papeles al cambiar de planos”. Si volvemos al libro “Yin y Yang” de J. C. Cooper, leemos:
”Se acepta que las potencias positivas y negativas pueden cambiar de lugar; y deben hacerlo, en los diferentes niveles, tal como el piano emocional en el cual el aspecto femenino asume lo positivo y el masculino se convierte en lo negativo; el cambio tiene lugar de nivel a nivel tanto hacia arriba como hacia abajo.”

Los Teósofos plantean que el hombre es masculino en lo físico, femenino en lo emocional, y otra vez masculino en lo intelectual, mientras que a la mujer le ocurre lo opuesto. Obviamente es una idea simplista, expuesta así, que ignora el detalle de que todos somos bipolares, pero sugiere una intuición de lo que estamos planteando. Los Taoístas plantean (como hemos visto) la misma actitud entre el Yin y el Yang, que no sólo intercambian papeles en cada plano, sino que ocurre también que “cuando el Yin llega a su punto extremo se convierte automáticamente en Yang, y viceversa”. Este último punto nos aparece más claro si lo relacionamos con nuestras reflexiones en torno al Ocho. También los kabalistas plantean, como los taoístas, que lo que es femenino (Yin) con respecto a lo superior se vuelve masculino (Yang) respecto a lo que le sigue. Este es el caso del alumno que recibe enseñanzas (Yin) y luego, ya formado, las imparte (Yang) a otros que son como él era. Los kabalístas conocen también el cambio de polaridades derecha-izquierda entre las distintas esferas en cada cambio de nivel.

Y “como es arriba es abajo”, así que no debe sorprendemos observar el Ocho en nuestro sistema nervioso, donde nuestros hemisferios cerebrales afectan cada uno al lado opuesto del cuerpo (hemisferio derecho-parte izquierda y viceversa). Nuestro sistema circulatorio también describe un gran Ocho. Los bebés permanecen invertidos dentro del útero de la madre antes de nacer...

Y ya no será difícil dar un paso más y decir que esa sucesión de Ochos enlazados forma una espiral, aunque quizá será mejor decir dos espirales entrelazadas e inextricablemente unidas, como las dos serpientes del Caduceo, como los dos nadis que se enroscan por los chakras. En esta forma aparece uno de los elementos más importantes de nuestra existencia y, quizá, una de las más importantes claves a las que conduce este estudio: el código genético.







Los Templarios y el 8
Parece ser que los Templarios poseían importantes conocimientos esotéricos y especialmente alquímicos. Un ejemplo de esto, podría estar en la propia cruz que servia de símbolo a los Templarios, la cual no era una cruz latina, sino una cruz de brazos iguales, triangulares, simbolizando a los cuatro elementos. Además de los cuatro elementos, la cruz presenta por su forma doce lados, evocando a los doce signos zodiacales. Por su misma forma, además, la cruz nos muestra la imagen de una pirámide desplegada.

El color de la cruz es rojo sobre fondo blanco, y estos son precisamente los colores de la Obra Alquímica y dos de los tres colores fundamentales del ocultismo tradicional (el tercero es el negro) y asociados también a los tres aspectos de la Luna.

La particularidad esencial de esta cruz es el hecho de estar trazada sobre un octógono perfecto, remitiéndonos a un número especialmente misterioso y sagrado para los Templarlos, el Ocho.

Otra forma de cruz templaria es la que presenta los cuatro triángulos con una abertura angular hacia adentro:
Este otro tipo de cruz nos conecta con el numero dieciséis (cuatro lados para cada brazo de la cruz), el duplo de ocho.


Algo del conocimiento iniciático de los templarios nos ha sido legado a través de sus castillos y fortalezas, sobre todo de sus templos, pues al igual que después sus herederos, grabaron el mensaje esotérico en las piedras de las catedrales, En ellos solemos encontrar grabadas alegorías alquímicas, esotéricas y astrológicas que resultan fácilmente reconocibles una vez conocidos los símbolos.
En sus obras arquitectónicas aparece el ocho repetidamente, mostrándose en la forma de capillas, patios y torres octogonales que parecen ser algo más que una simple licencia artística.

El ocho ha sido asociado a misterios complejos del esoterismo, pero tiene un especial significado y relación con una letra a la que al parecer eran muy afines: la letra “T”, que aparece en diversas construcciones y que, si bien algunos asocian a Ia “Tau” hebrea, resultará más interesante asociarla con la “Teth”, también traducida como “T” y que es la octava letra del alfabeto hebreo.
La letra “Teth” representa a la serpiente Kundalini en su fase de iniciar el desenroscamiento o elevación y su significado, para los hebreos, es “serpiente”. ¿Quizá los templarios conocían el poder serpentino y su utilización como transmutador de la consciencia y el empleo elevado de la energía sexual? Quizá nunca lo sabremos.




El Beauceant
Beauceant era el grito de guerra de los Templarios y el nombre que le daban a su bandera. Esta bandera adquiría el aspecto de una tela ajedrezada compuesta de cuadrados intercalados blancos y negros con la cruz paté en el centro. El simbolismo de la bandera representa la interacción polar entre blanco y negro, Yln y Yang, las dos fuerzas opuestas, masculina y femenina, activa y pasiva, que en su relación crean y sostienen todo cuanto existe. No resulta difícil ver aquí también un énfasis en el poder polar creador y, por tanto, en la sexualidad, así como tampoco una relación con el ajedrez, un tablero de ¡ocho x ocho! Nuevamente, otro símbolo templarlo se repite aquí: El Ocho.





Hay mucho más que añadir sobre el Ocho, que podemos ver en los 64 cuadrados del ajedrez (8 X 8), las 64 casillas de la Oca o del Parchís o los 64 hexagramas del I Ching, en el número de Mercurio o en la simbología templaria. Remitimos a los interesados a “Las claves Secretas de El Ocho” de Manuel Seral Coca, de las que hemos extraído algunos fragmentos.




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